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Miércoles, 08. Febrero 2012

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A 60 años de la final del ‘51, Converti: "Soy hijo de Banfield"

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Miguel Convertiviernes, 02 de diciembre de 2011.  Se cumplen 60 años del subcampeonato de 1951, año en el que el taladro irrumpió con fuerza y apabulló a los equipos grandes para coronarse en la primera posición de la tabla al finalizar el torneo, que tuvo goleadas y pasajes históricos para nuestros corazones en verde y blanco. Hoy en Mendoza, Miguel Converti habla de "su Banfield" y la rica historia que escribieron juntos.  Los Andes On Line le realizó una entrevista muy interesente que compartiremos con ustedes, fue realizada por José Félix Suárez - Especial para Más Deportes.

"Soy hijo de Banfield" reconoce Miguel Converti cuando evoca con una expresiva sonrisa sus comienzos en una sexta división allá por 1941, sus 5 temporadas en divisiones inferiores, su debut en primera hacia 1946 junto a su inseparable amigo Juan José Pizzuti, su condición de titular siempre como puntero derecho desde 1949 hasta 1955 y aquellas dos recordadas finales frente a Racing Club que se jugaron el miércoles 1 y el domingo 5 de diciembre de 1951 en la cancha de San Lorenzo de Almagro -el Viejo Gasómetro de la Av. La Plata- para definir el título de esa temporada en el fútbol argentino.

 

"Se han cumplido 60 años de aquel eterno recuerdo en que un equipo chico estuvo a un paso de coronarse campeón por primera vez y el Cholo se emociona como un pibe en la charla con Más Deportes: "Racing nos ganó 1 a 0 la segunda final con un golazo de Mario Boyé, al que apodaban el Atómico por la potencia de su remate, con un disparo a media altura apenas al minuto del segundo tiempo que se le coló en un ángulo a Graneros".


"El primer partido había terminado 0 a 0 y también habíamos empatado los restantes dos juegos del torneo oficial (1 a 1 en la 9na. fecha el 17 de junio en Banfield con goles de Albella (B) de penal y Blanco (R) y también 1 a 1 en la 26ª fecha el 30 de setiembre en cancha de Boca donde Racing hacía de local, conquistas de Ameal (R) y Albella (B). Entonces no había cambios y jugué todo el segundo tiempo con una fisura. Sólo pude calmar el fuerte dolor con una inyección de novocaína".

Cuenta Converti: "Es cierto lo que siempre se dijo de que Evita quería que ganara Banfield. Ella tenía simpatía por nosotros y se inclinaba por el equipo más débil frente al poderoso que ya había ganado los dos campeonatos anteriores. Al peronismo le convenía por una razón política el triunfo del más humilde para llegar a las clases más pobres aunque se decía que Perón era simpatizante de Racing".


"Por eso tuvimos el apoyo de todas las hinchadas, salvo la de la Academia, claro está. Al año siguiente en 1952 cuando falleció Evita, todo el plantel de Banfield acudió al sepelio de sus restos y transmitió sus condolencias al general Perón. Con Pizzuti que era un jugador de 25 goles por torneo, podríamos haber salido campeones pero ese año había sido transferido a River junto a Hernández a cambio de Huarte, Sánchez y Caviglia, en tanto que Grisetti fue a Racing en trueque por Graneros".


"Para mí el equipo del 50 fue superior al del 51 no sólo porque teníamos a Pizzuti sino también a Grisetti en la valla, al que se conocía como "el arquero suicida", y al peruano Guzmán en la defensa. Casi al final de la segunda rueda de ese campeonato (32ª. fecha, 12 de noviembre) les ganamos 3 a 0 en nuestra cancha cuando Racing ya festejaba el título con dos goles de Pizzuti y el restante de Tolosa. Me acuerdo que un diario deportivo de la época -El Pampero- tituló a lo ancho de la página: "¿Quién es el campeón?".


Además, en la jornada inaugural de 1949 (24 de abril) les empatamos 2 a 2 con un gol mío y el otro de Pizzuti de penal. En esos tiempos éramos algo así como "la sombra negra" de Racing. Sin embargo ellos nos ganaron la segunda final del 51 y pasaron a la historia como los tri-campeones".


Comenta también el Cholo: "El técnico era un dirigente, don Félix Zurdo, pero el que manejaba todo era el preparador físico, el profesor Adolfo Mogilesky. Había un buen grupo humano, una buena relación y mucho compañerismo entre nosotros aunque mis mejores amigos eran Tito Pizzuti y Eliseo Mouriño. Los jueves a la tarde hacíamos fútbol y después del entrenamiento los tres nos reuníamos a comer pastas en el restaurante "Bandera Argentina".

Luego Eliseo se iba a su casa y nosotros dos nos íbamos a milonguear. En 1951, con Racing, igualamos el primer puesto con 44 puntos, pero como a mitad de año se había anulado el gol-average no nos sirvió de nada tener una mejor diferencia de gol (Banfield 63 a favor y 33 en contra; Racing 60 a favor y 37 en contra). En la antepenúltima jornada perdimos un partido increíble frente a Chacarita que nos ganó 2 a 1 con una formación juvenil, aunque esa tarde no nos dieron un penal".


"En la penúltima nos alcanzó Racing porque quedamos libres. Del arbitraje de las dos finales no hay nada que reprochar porque los árbitros ingleses Wilbraham y Cross dirigieron bien. Banfield nos reunió en 1971 a los 20 años cuando nos dieron una medalla de oro. Ahora nos van a homenajear nuevamente el 20 de diciembre, aunque sólo estamos con vida Huarte y yo. También el martes 13 voy a recibir el cariño de mi querida Mendoza, donde me radiqué para siempre allá por 1959 cuando vine a Gimnasia".

José Félix Suárez - Especial para Más Deportes

 

Diario La Nación, nota a Daniel Bilos por Sebastián Torok

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Daniel BilosDaniel Bilos ganó popularidad no bien irrumpió en la primera de Banfield, en 2001, porque llamaba la atención que un futbolista de semejante talla (1,94 metro) exhibiera tan pulida técnica. Claro que le costó afirmarse en el equipo que conducía el uruguayo Garisto, pero tiempo después, años más tarde en  Boca dirigido por Coco Basile ganó cinco títulos en cadena.

De la mano de los trofeos xeneizes le llegó la posibilidad de jugar el Mundial de Alemania 2006 en el seleccionado de sus antepasados, el croata; pero Bilos no aceptó y apostó a tener alguna chance en la Argentina (finalmente disputó tres amistosos). Fue transferido a Saint Etienne (Francia), también actuó en América (México) y volvió a nuestro país para jugar en San Lorenzo. Pero luego entró en una etapa de confusión y allí comenzó la pesadilla: una grave lesión en la rodilla izquierda lo alejó de los terrenos de juego, la larga rehabilitación lo mortificó, tanto, que en diciembre de 2009 anunció su retiro. Pensó que nunca más volvería, sin embargo la vida le dio otra chance: la rodilla izquierda respondió y vuelve a jugar, lo hará muy lejos de las grandes luces, en Douglas Haig, de Pergamino, su ciudad natal, en el torneo Argentino A.

"El médico Jorge Batista, que en su momento me operó, me dijo que me quedara tranquilo, que era joven y en algún momento la rodilla estaría firme, pero la recuperación era muy larga y decidí retirarme. Cuando tenés rotura de ligamentos cruzados sabés que en seis meses volvés. Pero con mi lesión, osteocondritis, no tenía un parámetro, nada... Hay muchos que dejaron de jugar por la misma lesión. La ansiedad me iba desgastando psicológicamente. En junio pasado tomé la decisión de probar, fui a entrenarme al Cefar y la rodilla respondía, respondía y acá estoy.

¿Qué pasará de ahora en más? Sólo Dios lo sabe. Disfruto cada día que pasa", le describió Bilos a La Nacion. El último partido del Flaco fue el 12 de abril de 2008, en el 3-1 del Ciclón a Central.

Batista, respetado profesional en el fútbol argentino, rememoró: "Tuvimos que reconstruirle el ligamento patelo-femoral medial para darle estabilidad a la rodilla. Pero a los 3 meses de recuperación se fracturó la rótula. Pero hoy estamos felices porque está 10 puntos".

-Daniel, ¿te cambió la vida?
-Sí, un montón. Hace unos días escuché a Del Potro decir que con la lesión le dio mayor valor a otras cosas y me siento igual que él. Antes, con la cabeza metida en la competencia, dejás mucho de lado. Uno se quejaba por cosas que no tenían sentido y hay que sacar fuerzas de donde no te lo imaginás. Estoy agradecido con mucha gente del fútbol que se me acercó, como Carlos Portell y Julio [por Falcioni], que en su momento me dejaron hacer la rehabilitación en Banfield.

-Hoy tenés 30 años, ¿pensás en la posibilidad de volver a un club de la A si recuperás el físico?
-No, trato de no pensar por lo que me pasó antes: por pensar más allá tuve retrocesos. Es una etapa nueva. Antes pensaba distinto, hay que vivir el día a día. El futuro no lo conoce nadie. Estar en mi ciudad, con la gente que conozco desde que era chico, me tranquiliza. Igual, la expectativa es grande y todos están ilusionados con ascender. Pero es distinto: termino de practicar y a los diez minutos estoy comiendo en mi casa, no hay 30 cámaras como en Boca, nos conocemos casi todos, a los compañeros que tengo los enfrenté en los torneos locales...

-A la distancia, ¿cómo recordás la vorágine del mundo Boca?

-Como algo lindo. Me dio la posibilidad de que me reconocieran, fui campeón. Todo lo que generábamos era impresionante, como una banda de rock. Los vestuarios son similares en las diferentes categorías, más allá de que algunos tienen más comodidades, pero la diferencia es cuando pasás de la puerta hacia afuera. Fuimos a Corea, El Salvador, Honduras y siempre había repercusión.

-¿Falcioni se adaptará a Boca?

-Sí, tiene experiencia, sabe manejar los grupos, sabe a qué juega y los jugadores a medida que lo van conociendo se van dando cuenta de su capacidad. Uno lo va respetando con el paso del tiempo, porque lo que te dice va pasando en la cancha. En Boca no tenés más opciones que salir campeón y él lo sabe.


-¿Te quedaste con ganas de jugar una Copa del Mundo para Croacia?

-No, no. Sabía que en la Argentina las chances de jugar serían pocas; cuando Pekerman me llamó, se sinceró, me dijo que había muchos jugadores, pero era algo personal mío. A lo mejor, otro hubiera aceptado. Hoy sigo pensando que la decisión que tomé fue la mejor. En la selección jugué contra Qatar, Brasil y España, a quien le hice un gol, y para mi será gratificante de por vida.


Bilos ya no integra esa suerte de "banda de rock" que era el famoso plantel de Boca. La realidad cambió. Ya no hay concentraciones en hoteles de 5 estrellas ni viajes en avión: el domingo próximo, por ejemplo, Douglas Haig jugará por el Argentino A frente a Guillermo Brown, de Puerto Madryn, ciudad a la que llegarán desde Pergamino en ómnibus. "¡Son como mil kilómetros! Creo que 16 horas", sonríe Bilos. Pero añade: "Hice mucho esfuerzo para volver a jugar, a entrenar. Ojalá que todo siga así. Estoy feliz. Para mí, es como un volver a vivir".

 

Actualizado ( 20.01.11 )
 
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